Antes de probarla siempre tuve mis dudas sobre su sabor, más que nada considerando que la Coca-Cola dejó de gustarme hace muchos años, tantos que al momento que pasó, apenas contaba con algo de bigote y llevaba poco de haber probado la primera cerveza de mi vida... llegaba a la edad de salir con mis amigos y contar historias que nunca sucedieron... exactamente no sé por qué, pero un día dije: no me gusta más este sabor, y el día que la Coca-Cola vuelva a tener un sabor agradable para mi no sería por su sabor interno, sino por el momento y la compañía, más que nada por la compañía que invaluablemente haría que todos los sabores a hogar retornaran a mis sentidos, en busca de uno propio, una casa, cuatro paredes que finalmente sería en donde navegaría en los ojos de la compañera, sí, esa compañera en la que la Coca-Cola tendría ese sabor tan único, aquel que cuando niño tanto amé... que me llevara a los recuerdos como en un buque portaavión cargado de nuevas ilusiones, que hiciera busca en sus manos la receta para preparar el postre sideral que navega desde el sol, donde los pinceles llenan cada espacio de color y convence cada rincón de continuar, que vale la pena luchar nada más para llegar a navegar nuevamente en los ojos miel en compañía de una Coca-Cola...
No sé si fue el momento, el espacio, los colores, las manías de mi loco ser, o el aroma de esa Coca-Cola que entró en mí, pero todo ese conjunto me anunció que llegaba el momento de probar nuevamente la Coca-Cola, solo para descubrir ese aroma familiar, ese sabor a hogar y casa abandonado hace varios años, tantos que ya no recordaba cómo se sentían...
Y sí, fue esa Coca-Cola, esa que se convirtió en mi locura, mi perdición y mi pasión, mi droga más fuerte, mi mayor debilidad y todo el sabor de la vida... pero no fue la Coca-Cola sola, fueron los ojos llenos de vida que la trajeron los que no quise dejar de mirar... y así, trago tras trago fui consumiendo esa Coca-Cola, llenándome de su aroma, su sabor, de su mirar... si esos ojos que me hablaron de cosas eternas, y esos labios que me hicieron conocer el sabor de la vida en cada sorbo de esa Coca-Cola... poco a poco mi vicio aumentó, mi adicción creció, y la Coca-Cola fue consumiéndose hasta que quedaron en el fondo apenas unos cuantos sorbos, unos cuantos, tantos como pocos... todo está en la perspectiva y desde dónde se mire.... pero los ojos cafés me dijeron con un murmullo suave de esos labios, que aún retumba en mi cabeza: "ya no queda nada..."... y acto seguido se levantaron de la mesa, dejándome solo y pensando, pensando en que quizás fueron por otra Coca-Cola, esa tamaño sin fondo de la cual quiero beber hasta el final, hasta que el bar cierre y no tenga más escapatoria en esta ciudad, y en el momento que estaré conversando con esos ojos, si aquellos que me hicieron probar el nuevo aroma olvidado del sabor olvidado... y sigo pensando en cuánto demora en regresar.... y pienso en un destello de estupidez innecesario: "y si no vuelven?"... y entiendo que si esos ojos no vuelven, habrá sido para siempre esa mi última Coca-Cola